Mi nombre es Tomás y tengo 23 años, soy de un pueblo situado al sur Córdoba, Huinca Renanco. Allí pase toda mi infancia y adolescencia, hasta que en 2009 me fui a vivir a la ciudad de Córdoba para poder realizar una carrera universitaria.

Para aquel entonces tenía mucho interés en la literatura clásica y moderna así que me decidí por estudiar Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba, carrera que termine dejando. Durante todo ese 2009 hasta mediados 2010, me dedique a tocar en una banda de rock, a consumir drogas, a experimentar la vida lejos de mi familia, sin restricciones, sin control y en medio de una ciudad donde nadie me conocía(si bien mi vida de adolescente estaba marcada por el consumo de drogas y el sexo desmedido, en la ciudad encontré un ambiente más propicio para este estilo de vida llena de pecado y muerte). En 2010 arranque a estudiar Derecho, y mediados de ese mismo año conocí a Cristo, quien radicalmente cambió, transformó y salvó mi vida. Actualmente camino con el Señor desde el primer día que le dije si, ya van 2 años y medio desde aquella decisión.

La primera vez que me hablaron de Dios tenía 6 o 7 años, tengo el recuerdo borroso de mi abuela leyéndome el génesis en la cama, y apenas conservo en mi mente las imágenes de aquella Biblia católica ilustrada donde mostraban a un hombre y a una mujer, ambos desnudos frente a un gran árbol color silicio, junto a una gran serpiente negra. Luego, como todo niño promedio hice la serie de ceremoniales y rituales típicos del catolicismo como el catecismo, confirmación, pero luego al ir creciendo, mi vida siempre sintió un poco de apatía por la idea de Dios.

A mis 14 años me declare ateo, desde mis 12 sufrí una fuerte atracción por el rock y toda su filosofía, sumado a esto, en casa siempre abundo la literatura de todo tipo, y allí tuve mis primeros encuentros con la filosofía humana, donde comencé a mamar mucho la idea de que Dios había esclavizado a la humanidad.

Cuando me tope con el anarquismo filosófico, y con literatura de este tipo comencé a desarrollar un ateísmo exacerbado, odio hacía la religión, puntualmente experimente un rechazo hacia el cristianismo, me gustaba relucir mi falta de temor hacia Dios, lo maldecía y rechazaba, tambien solía levantar las manos en señal de odio hacia a El, y cuando me topaba con gente que era creyente me gustaba desmoralizar los diciéndoles que lo que creían era una invención, y que ser un creyente era algo primitivo.

A los 14 me echaron de una clase junto con un compañero, y nos fuimos a su casa. Esa tarde tuve mi primer encuentro con la droga. Este momento fue muy significativo en mi vida pues marcó el comienzo de un estilo de vida, y una forma de escape a mis problemas y vacío.

A pesar de haber visto a mi familia ser destruida y despedazada por los vicios, y de sentir el dolor en mi conciencia de saber que lo que hacía estaba mal, no cesé ni frené con respecto al consumo de drogas, y fui año a año probando distintas sustancias tales como ácido lisérgico y cocaína por momentos. Mi conducta durante toda la adolescencia iba de mal en peor, peleas en los bares, vandalismo nocturno, noches en la comisaría, donde todo el pueblo se enteraba de mis andanzas, y no hacia otra cosa más que avergonzar a mi familia y a mí.

Mi vida sexual reflejaba mi vacío y desorden interior. De muy chico fui estimulado sexualmente por otro niño mayor, quien me incitó a tener sexo con él (según muchas teorías psicológicas esto es algo normal e incluso parte de la vida experimental de los niños en su aprendizaje, pero esto es una mentira. Estas corrientes de pensamiento son el reflejo de la depravación humana que alcanza y contamina todas las etapas de la vida de las personas). Esa situación marcó algo no sólo dañoso en mi, como un recuerdo vergonzo, sino que también perturbo mi vida para la posteridad (tan así? Si), luego era yo quien siendo niño estimulaba y guiaba a otros niños a las mismas prácticas. Fui incentivado a la pornografía por otros niños, y también por un adulto ajeno a mi núcleo familiar.

Entrado mis 16 y 17 años era impresionante mi atracción por lo oculto, por la música expresamente satánica, por el espiritismo, y la manipulación por medio del estudio de parámetros psíquicos(y esto es lo ridículo, que a pesar de todo esas realidades espirituales negaba a Dios).

A mis 16 años arrastrado por mis impulsos y por mi necesidad impetuosa de tener sexo, mientras estaba borracho tuve sexo con un homosexual. Esa experiencia sexual no sólo marcó mi vida, sino mi conciencia. Esta práctica se fue haciendo cada vez más crónica y al irme a Córdoba mi sexualidad fue torciéndose de mal en peor. Aquí comencé a tener encuentros con mujeres mayores, prostitutas, también salía con otras chicas pero no podía tener nada estable.

Cuando me vine a vivir a Córdoba, fue aún mas notorio para mis padres la vida desordenada que llevaba (ellos sufrían mucho sabiendo que yo vivía lejos, sólo y muy mal) Ya de antes, y siendo yo más chico me llevaron a un profesional en adicciones pero no tuvo mucho efecto sobre mi vida. Yo no quería cambiar y amaba mi vida de pecado.

A todo esto, llegó al conocimiento de mi familia que había un médico psiquiatra en la ciudad, adictólogo, que además era cristiano. Su nombre es Sebastián Palermo, actualmente es mi pastor.

Fue el quien en cada sesión terapéutica luego de impartirme en lo terapéutico no podía resistir a su don evangelísitico ni al poder del Espíritu Santo y constantemente me predicaba acerca del evangelio de Cristo y el Reino.

Allí comencé a tratar y aprender acerca de mi sistema emocional, el manejo de las emociones, a través de la re educación de mi sistemas de creencias nucleares, y mi comprensión de la realidad, reasignándole valores nuevos y conforme a la Palabra de Dios (aún sigo en ese proceso de aprendizaje).

Fui durante un año y medio al consultorio, y a pesar de estar negando todas las palabras que se me transmitían, rechazándolas con fuerza en mi mente, no podía dejar de sentir un alivio interior. Como dice la Escritura en Juan 6.63 “..las palabras que yo les he hablado son Espíritu y son Vida” . Fui poco a poco impartido por el fluir del Espíritu, y mientras me escabullía por los senderos de la muerte, en mi interior esas palabras eran semillas que iban creciendo y creciendo, y aún sin ser consciente de ellas me afectaban más de lo que yo imaginaba. Uno de mis hermanos, quien vivía en Córdoba, comenzó a congregarse en Nueva Mente (iglesia adonde asisto) y me invito a ir. Esa misma noche le dije que no quería que se hablará de Dios en mi casa, que estaba prohibido.

A la semana siguiente, por equivocación me diagnosticaron hepatitis b, los 45 minutos que creí por error que tenia esa enfermedad, pude ver pasar delante mío toda mi vida llena de pecados sexuales y trataba de recordar cuando pude haber contraído la enfermedad. Eran tantas las posibilidades; pero cuando sonó el teléfono, con la noticia de que me habían dado una mala lectura de mis análisis de sangre, dije a mis adentros: “esto tiene que cambiar, no puedo seguir así”. Ese error había sido una cachetada directa de los cielos, trayéndome a la realidad, un gesto de misericordia del Padre quien me preparaba para su encuentro. Al fin de semana siguiente mi hermano me invitó otra vez a la iglesia. Esta vez acepté ir…

Ahí me recuerdo caminando con el por la calle Ituzaingó en nueva Córdoba, fines de julio, un aire helado y lluvia torrencial, rumbo a una congregación evangélica, por dentro me preguntaba “que hago?!! Que hago?!!” Asombrado de mí mismo. Fui recibido, no entendía nada de lo que se hablo, sólo se que mi psiquiatra me recibió con una cálida sonrisa y me presento ante la congregación(tengo que admitir que odie un poco la situación). A la semanas estaba viajando a un Encuentro a Río Cuarto, un retiro donde fui liberado y pude ser testigo de Jesús, fue en ese lugar donde acepte al Señor, y desde ese momento camino con Jesús. Fui bautizado por el Espíritu mientras oraba en mi casa a un mes de ese retiro espiritual, y a partir de ahí nunca más volví atrás. Dejé mis vicios, deje el sexo promiscuo, deje la masturbación, la adicción a la pornografía, nunca más volví a drogarme con ninguna sustancia, deje la homosexualidad, y me consagre de lleno al Señor. Hace ya dos años y medio, casi tres, que estoy siguiendo a Cristo. Actualmente estoy casado con una hermosa mujer quien también es mi hermana en Jesús.

Sigo en proceso de sanidad, y forjando mi carácter. Luego de mi conversión y mi cambio, toda mi familia reconoció a Jesús y le aceptaron y a su tiempo y con sus procesos están dejando que sea El Señor en sus vidas.

Tomás Gabriel Bolaño

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