Por el Dr. Sebastián Palermo. PARTE 2 ”

3 Nivel: por relacionamiento.

En este nivel, el amor por Dios definitivamente creció. A tal punto que superó al amor por nosotros mismos. Las personas empiezan a acomodar su vida entorno a Dios. El trabajo, la familia, el “tiempo libre”, el dinero, los sueños y proyectos, absolutamente todo se sujeta a Dios. Acá uno empieza a entender quién es Él. Ya no importan sus añadiduras. Sólo queremos que se sienta bien, cómodo en nuestras vidas. Ya no vamos a meter en nuestras casas cosas que puedan llegar a ofenderle. Su presencia nos vasta y somos capaces de renunciar a relaciones, trabajos, ahorros, viajes por Él.

Nos volvemos apasionados por su presencia.

4 Nivel: la unidad.

Hasta acá venía bien. Creía haber alcanzado el nivel más alto de conocimiento de Dios. Fue allí, donde una vez más, entendí cuanto me faltaba.

Dios me empezó a hablar de un nuevo nivel de intimidad y de conocerle. Es el punto de manifestar la imagen y semejanza de Dios. De sentir lo que Él siente, decir lo que Él dice y hacer exactamente lo que el Señor está haciendo.

En pocas palabras: ser uno con Él. Acá se cumple lo establecido en Efesios 1:1-14 cuando dice que estamos en Él y sólo estando allí somos guardados y bendecidos con toda bendición celestial. En este nivel desarrollamos en nuestras mentes, la mente de Cristo. “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo”. 1 Cor. 1:16.

Aquí ya no existen preguntas como ¿cuál será la voluntad de Dios para mi vida? Todo nuestro mover es uno con el mover de Dios. Acá el conocerle es el vivirle y experimentarle a cada instante.

Aquí se puede manifestar con nuestra propia vida el amar a Dios por sobre todas las cosas. Toda nuestra motivación y deseo viene de sus motivaciones y deseos. En este punto, la iniquidad deja de ser un problema y el nivel de luz que manifestamos se transmite a todo nuestro ser, siendo la salud un estado natural y constante.

Que podamos comprender en qué etapa estamos nos ayudará a saber hacia donde debemos dirigirnos. Hacia donde espera Papá que avancemos.

De seguro, esto requerirá un mayor nivel de luz y consecuentemente un mayor nivel de muerte y entrega.

¿Hasta dónde anhelamos conocerle?

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