Por el Dr. Sebastián Palermo

“Y conoceréis la verdad y la verdad los hará libres” Juan 8:32

Esta palabra se incorporó en demasía para manifestar la libertad que Dios nos dio con respecto a la muerte: lo cual es cierto. Pero también es cierto que Jesús hizo mucho más que librarnos de la muerte. Nos dio identidad, y junto con ella un plan, un propósito. De eso se trata la vida. Tal es así que ya no vamos solamente de un ámbito de muerte a un ámbito de vida. También vamos de un proceso de sanidad a un proceso de propósito.

Sin un entendimiento y cumplimiento del Plan, nuestra sanidad carece de sentido. La sanidad del alma no tiene como objetivo hacernos sentir bien, sino conectarnos con nuestra identidad para ser funcionales conforme a lo que Dios espera de nosotros. Como Dios es un Dios de orden y procesos, la sanidad del alma no podría ser de otra manera.

La importancia del orden

“El Espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. Juan 6:63

Dios definió al hombre como un alma viviente. A su vez, es un alma que tiene espíritu el cual la activa y le da vida. Ésta, por su parte, le da sentido al cuerpo.

Cuando es nuestro espíritu quien gobierna, el alma no sólo recibe vida sino que se sujeta a éste. Siguiendo el orden, el cuerpo (la máxima expresión de la carne) recibe las correctas instrucciones de parte del alma. De esta forma, el hombre se desarrolla de forma ordenada.

Cuando esta perfecta armonía se da, el Espíritu Santo puede hablarnos directamente al espíritu sin que el alma sea un obstáculo para recibir la correcta información.

Necesitamos comprender que lo que viene del cielo, lo que es nacido del Espíritu, va a manifestarse en ámbitos espirituales. Los depósitos espirituales que Dios tiene para nosotros serán dados a nuestro espíritu. No a nuestra razón, intelecto o sabiduría humana. Es literalmente nuestro espíritu comiendo del árbol de la vida y no del de conocimiento.

Luego, mi espíritu depositará vida en mi alma y ésta manifestará lo mismo en mi cuerpo.

¿En qué consiste la sanidad del alma?

Para que mi alma se sujete a mi espíritu debe aprender a oírlo. Justamente, la sanidad del alma consiste en que el alma aprenda a oír la voz del espíritu. Visto de esta forma, lo que debemos hacer es enseñarle a ella a sujetarse para poder reconocer esa voz. De eso se trata la sujeción. Es por ello que Dios abomina tanto la rebeldía, porque no nos permite oírle. Cuando una persona tiene problemas para obedecer necesita disciplina. Pero cuando tiene problemas para oír necesita sanidad.

La adoración es el ámbito perfecto para que este proceso pueda establecerse. En la adoración, nuestro espíritu toma comunión con el Espíritu Santo. Genera un ámbito de paz, de luz y de orden. Es en esta atmósfera que el Padre nos ministra. Si quieres sanar tu espíritu, debes adorar. Dios no nos pide que le adoremos simplemente por una cuestión de gusto. Sino porque es el lenguaje que estableció para unirse con nosotros.

Dios nos imparte vida. Pero en lo que respecta a la conquista y gobierno del alma, esto dependerá de nosotros.  Nos da una tierra prometida y nos garantiza la victoria. Pero Él, nos envía a pelear a nosotros.

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