“Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo,
que tienen a las tinieblas por luz y a la luz por tinieblas,
que tienen lo amargo por dulce y a lo dulce por amargo” Is 5:20

A veces pienso en el profeta Isaías y sus visiones y revelaciones. ¿Habrá logrado ver desde la eternidad el tiempo venidero en el cuál transcurre este siglo? El hombre contemporáneo llamando bueno a lo perversamente oscuro y destructivo.
También pienso en mi amigo Daniel. Sí, el mismo de la biblia. Y me pregunto e imagino; ¿Habrá visualizado en sus éxtasis post-ayunos un zapping de post modernidad? ¿Lo habrá transportado el Espíritu a la Amsterdam, Barcelona, Río de Janeiro, Córdoba y tantas Babilonias más de estos días?
Hasta he llegado a pensar en un Pedro no transformado queriéndose sacar una selfie con Jesús, Elías y Moisés en el monte de la transfiguración.

¿Habrán visto los profetas del antiguo pacto y los apóstoles after Christ la barbarie del sistema de este mundo desparramada por los continentes en un 2015 famélico de Verdad y Luz?

¿Habrá visto el Padre, antes de inmolar a su hijo, al hombre actual y la corona de egolatría abarrotando su mente, corazón y actitudes?

No tengo dudas de que lo vió. Por eso el amor, en muchas esferas, sigue siendo un misterio.

Desde hace un tiempo me convencí de que el mal existe. Y ciertas cosas van a suceder. Lo torcido, en el hombre que vive sin Dios, será cada vez más torcido. No me conformo, ni adapto, ni tolero esta realidad. Capítulo aparte.

Pero hay un diseño, eterno y lleno de gloria, que cada día se pone mejor. Quienes no lo comprenden ni desean creerlo, lo llaman el reino del revés, la locura de quienes van a contramano. Yo lo llamo camino, verdad y vida. Cristo Jesús.

¿Habrá visto Juan una Iglesia apostólica y profética con el nivel de justicia, amor y unidad necesarios para que el mundo crea? No sé ustedes amigos, pero yo comienzo a verla y sé que mis hijos, nietos y sucesivas generaciones lo verán y establecerán con mayor nitidez.
No necesitamos cambiar el mundo. Necesitamos llamar a los hijos a su verdadera realidad. Las respuestas siempre estuvieron…

Venga a nosotros tu Reino y así como en el cielo hágase tu voluntad en la tierra.

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