Por el Dr. Sebastián Palermo


La sanidad, conforme a los diseños que Dios nos enseña a través de su Palabra y revelaciones, es un proceso de conquista y gobierno. Como todo proceso, consta de diferentes etapas. Me gusta describir a la etapa de sanidad interior como el ubicar al alma en su lugar. Entendiendo la liberación, cómo hablé en escritos anteriores, como una primera etapa, la sanidad interior bien podría ser la etapa contigua.

Me es necesario aclarar que es aquí, (a diferencia de la liberación), en donde se requiere de la total voluntad y esfuerzo de la persona en proceso de sanidad.

Bajo este punto de vista, me gustaría desarrollar cuatro pilares sobre los cuáles la sanidad interior se podrá llevar a cabo:

.IDENTIDAD:

Necesitamos posicionar a la persona en quién es. Cuando alguien sabe quién es, automáticamente sabe para qué está. Es cuando las personas reconocen quienes son en Cristo que dejan de pelear con la percepción de rechazo. Saben que están para conquistar y gobernar. Para establecer el Reino. Cuando el alma logra ubicarse en su lugar correcto puede recibir el testimonio del espíritu y lo que éste tiene para decirle. El espíritu de rechazo, es directamente opuesto al espíritu de adopción. Es una falsa percepción de que Dios no nos ama.

.TEMOR

“… y librar a todos aquellos que, por temor de la muerte, están sujetos a esclavitud” Heb. 2:15

¿Qué es el temor a la muerte? Básicamente el temor a sufrir. Aquellos que no toleran el sufrimiento tienen miedo a la muerte. Desde esta perspectiva, tolerar el sufrimiento es tolerar la frustración, la angustia, la tribulación. Es por ello, que una persona que está dispuesta a tolerar, es alguien que se va a poder desarrollar. Por el contrario, aquel que no está dispuesto a tolerar intentará a toda costa salvarse. Y como dice la palabra “aquel que intente salvar su vida la perderá”. En otras palabras: se alejará de Dios y su propósito porque estará continuamente viendo cómo puede hacer para salvar su economía, su salud, sus relaciones, en fin, sus propios intereses.
El estar dispuestos a morir y entregarlo todo nos lleva a vencer el miedo. Una vez vencido éste, la expansión es el paso que sigue.

.PERDÓN:

El perdón es más que un mandato. Es una herramienta de sanidad continua. Quien vive el perdonar a otros de forma natural y cotidiana es alguien invulnerable.
¿Qué es perdonar? Me gusta definirlo como “el renunciar a nuestro derecho de ejercer justicia”. Siempre que nos lastiman o hieren es porque han cometido un acto de injusticia en contra nuestro. Está en nosotros la posibilidad de renunciar a ese derecho de justicia. Este hecho es un acto de amor. Nos libera y libera a otros. El tener resuelta nuestra identidad nos facilita la tarea de perdonar.

.SANTIDAD:
En el proceso de sanidad interior, la santidad habilita el obrar y mover del Espíritu Santo. Es muy importante en esta instancia que las personas puedan arrepentirse de sus pecados y pedir perdón por ellos. Lo mismo ocurre con la iniquidad, entendiendo que no se trata sencillamente de los pecados de nuestros padres y abuelos. La iniquidad es un tanto más compleja que ello. Es el camino torcido que nos lleva a desear lo malo. El pedir perdón por ello y volvernos de ese camino desviado nos posiciona en un mayor nivel de justicia.
La santidad establece un nuevo ámbito en donde nuestros deseos son los del Padre.

Estos pilares no requieren de un orden preciso. Lo más probable es que se vayan dando de manera conjunta y paralela. Dios trabaja de forma completa.
La sanidad interior no es un fin en sí mismo. Pero sí, un tramo indispensable en el camino cuyo final es ejecutar el Plan de Dios.
Una persona sana, es una persona en quién el potencial de Dios se puede explotar y multiplicar de manera completa y poderosa.

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